lunes, 31 de octubre de 2005

DISCLAIMER

¡Y se acabó! Lo juro por mi fe en Jesucristo, que en este puto blog no vuelvo a escribir nada que tenga que ver con mujeres, ni con terribles limeranzas, ni agonías del anhelo y el recuerdo, ni nada que tenga que ver conmigo, no más yo en mis textos. Escribiré de otras cosas, de las estaciones del año, de las evoluciones de los astros, los meses propicios para las cosechas, los trabajos de las abejas y las hormigas, las ondas de una piedra chaspeando un poza, una aceituna que cae en una copa de perfume (2 tomos.)

Quejas: abaddoncr_1978@yahoo.com, o aquí abajito.

A Sole

Vos sos la amante ingrata.

¿Qué es tu vara,
altanera,
qué es eso,
esa belleza
tan impropia
de las mortales?
¡Ingrata!
Y lo peor,
lo sabés
y ése es tu estandarte,
junto a la lengua afilada
y al empuje de Atenea.
Amada,
dejate desnudar,
no soporto más esta espera,
este crujir de dientes
que es el verte
y no tocarte,
rasgarte de un beso,
entrar en vos como una lanza
y darte a conocer
lo que está vedado
a los mortales.

A Flo

Las palabras,hilos de miel
trazados por
la araña de mi lengua,
conforman la tela
que te envuelve;
te he de envolver,
sin incidentes,
y te llevaré
a la trampa de mi lecho,
donde me cebaré de vos,
lentamente.

domingo, 30 de octubre de 2005

A Ilana Sue

Ella es la palabra.
¿Podrías, por favor, morirte conmigo?
Insoportable
es el pensar en seguir viviendo
si vos morís;
insoportable
es el pensar en que vos estés viva
y yo muerto.

De las extrañas de la tierra
fuiste arrancada,
doblada mil veces
para darte firmeza;
desearía poder sostener tu peso,
ser realmente digno
y que vos siendo mi alma
fueras mi llama
fueras mi palabra
fueras mía.

Sunday morning coming down

Viene otra vez, como un jaque, como un voto de castidad, como una rascadita en el culo. Un hijueputa momento en el tiempo tras otro, los higos cayendo del árbol, los higos maduros y jugosos tan dulces como morder un terrón, como todo lo que éramos, como todo lo que seríamos, amor; tan dulce como tan mío en los instantes de nuestra ceguera; nunca, nunca habrá suficiente, suficiente de las independencias, de las revoluciones, donde éramos iguales, todo lo que teníamos era el futuro. Dónde los niveles de reflejo, las dimensiones de lo surreal, las llaves del cielo, tu boca enredada en mi boca, las almas como lenguas; diosa, mi diosa, ¿a quién le rezo en las noches, diosa, por qué me has abandonado? Es como verte a través de la niebla e ir en pos tuyo y tenerte frente a frente y no poder atravesar la delgada línea de niebla entre nosotros. Uno no hace el amor sin intención, dejame al menos tu recuerdo regándose desde las estrellas hacia mis brazos, llenándome de crema de estrellas todos los rincones de mi cuerpo. El alzar la mano hacia las tinieblas, qué les dirás de mí a tus amigos; el error, un grave error, mi diosa dulce, quien te tuviera abrazada, dentro tuyo, dentro de tu alma, todo dentro, revolviéndose en lo inefable. Pobre criatura del síndrome de los espejos, esas imágenes del cielo tan asquerosamente perfecto: ¿ha sido acaso la mano del tiempo la que me ha barrido, estoy como el pilar de un muelle escribiendo las olas de la tormenta tan inbatiblemente solo, un madero contra el oceáno, quien puede resistir? Hay cosas que no se deberían permitir en los hondos tambores del alma, un golpe seco, un dolor tan horriblemente seco, un pésimo sabor de boca. Cosechando acritudes, penas, inútiles alegatos, ¿no habrá manera de derribar esa puerta aunque fuera comiéndosela? Sólo el desacelere, el tirarse a la cama, escuchar los sermones de los parlantes, irse en el viaje pero sabroso y luego únicamente esperar a que se me baje...

sábado, 29 de octubre de 2005

El reflejo, o reflujo

Un puño atraviesa el vidrio de una ventana,
tomo las filosas astillas
y me las llevo a la boca,
las ingiero golosamente,
masticándolas despacio.
Los fragmentos y mi sangre
forman un bolo no alimenticio
que baja lentamente al estómago
rasgando todo a su paso.

Nunca he sido de luchar guerras perdidas
y no hay lucha más perdida que ésta.

viernes, 28 de octubre de 2005

El guionista

Escena final: Interior Cocina Día

"Se prepara el desayuno, por lo que unos cuantos huevos se entregan a una orgía con cebollines, ajo, mezcla de especias y una pizca de sal. La boca ansiosa de la cafetera se abre para recibir el chorro espumoso del tubo. La cocina se descontrola y frota conta la refri, que se excita y frota de vuelta. En primer plano, la batidora y la licuadora violan a la wafflera. En el piso, la plancha fornica con la escoba y la pala de la basura. De un caos orgiástico de elementos domésticos, de alguna manera absurda e irracional, surge un desayuno perfecto servido a Mamito, quien, asqueado, saca de la refrigeradora el cadáver de su madre, al que le corta algunas tiras de carne, que baña con la salsa hecha con los genitales de su padre. Dolly out de la imagen de Mamito comiendo en su mesa las tiras de carne como un cerdo. Ruedan créditos en fondo negro acompañados de una música romántica de piano."

Frenético, el guionista firmó el guión, el guión supremo, el guión divino; su obra maestra indiscutible y el guionista estaba preso de snobismo, por lo que en el testamento recientemente rectificado, dejaba estipulado que el guión no debía ser sacado del sobre sellado donde sería encontrado y debía ser quemado junto al cadáver del guionista en un ceremonia no religiosa. El guionista estaba harto de su vida y había decidido esa misma noche, había ordeñado la decisión de planes que le rondaban en la cabeza por semanas. Metió el guión tan vanamente excelso en el sobre y lo selló herméticamente. Siempre la había tenido fácil. Salió del colegio y no siguió estudiando, porque "la educación formal no era para gente brillante como yo." Ése fue su motivo, el que implicaba una filosofía de aversión al trabajo. Su negra suerte le deparó que todo se le acomodara perfecto: encontró un brete donde no tenía que trabajar nada más que un par de días por semana, así que se dedicó a tres cosas: TV, practicar boxeo y escribir guiones. Y en un arrebato de pereza se raja con un guión excelente en opinión de todos, menos él, lo pone a la venta y la pega a lo grande. Deja el brete que tenía y se dedica a uno más perezoso: guionista, profesión que consistía en engordar en la casa de uno, sin bañar y acompañado de un único par de boxers; dedicarse al cable, a intrincados guisos, al ajedrez, la lectura de gordos clásicos y a escribir el guión urgente en un arrebato de anormal inspiración. No pueden faltar, obviamente, el peyote y el tequila, devoción de guionistas y contadores y abogadas sexys. Pero un terrible enemigo se alzaba en el campo de batalla: el creciente hastío inspirador de las visiones de mundo más absurdas y desesperadas. Los guiones de calidad para todos, excepto él, seguían siendo emandados de sus manos, por lo cual no le faltaba ni techo ni sustento, como siempre, porque siempre los tuvo. Claro, le caía la plata y la hacía disparada al techo del derroche, entonces vivía bien una semana al mes y las otras tres en una respetable pobreza. Pero la pereza se le trepó a la coronilla, en otras palabras, lo agarró el gorila. Ya no salía de la casa ni llamaba a nadie, nadie lo visitó como casi siempre había sido ni nadie lo llamó. Ya ni siquiera iba a dejar los guiones, ¡qué tigra! Los mando por Internet. Todo lo pedía express, hasta las compras del súper, que incluso le traín cosas que él no había pedido y no le importaba. Y claro, no podían faltar ni el valium ni la hermosa hierba, siempre con Bob, of course. Pero el hastío lo repletó como un cerdo asado y relleno. Toda la comida le sabía a imitación de engrudo y empezó a beber pero sabroso. Pensó en sus amore's perdidos, en las ganas de fornicar a cualquiera dispuesta a la ocasión, a la sed de caricias; pero ya la desidia estaba apoderadada de él. En su desesperación, llegó a maldecir e insultar groseramente a Dios, arriesgando su propia vida y condenación sólo por una señal de Dios, aunque fuera para castigarlo, aunque fuera el puño divino que lo aplastara a él y a su blasfemia. Al tercer día, las nubes tormentosas se abrieron y lograron canalizar a través de un puño de persianas que colgaban en una ventana y dar a caer en el sillón sobre el que dormía el guionista y en sus ojos un torrente de luz. El guionista abrió los ojos y Dios entró raudo en él y lo penetró con fuerza y lo abrió como una sombrilla, en medio de sus carcajadas. Supo entonces el guionista que Dios lo había abandonado, que, invirtiendo la teoría nietzscheana, lo daba por muerto; o sea, no importaba si existía o no, sino si tenía significado para él. Y Dios le había demostrado como el guionista no significaba nada para Él. Perdidos todo orgullo y dignidad, los vínculos familiares limitados a extraviadas llamadas y ganados un pétreo insomnio y una radicalización absoluta de sus teorías nihilistas, ¿qué podían significar? El abandono de la humanidad, la falta de estímulos como adormecedora de la voluntad, las necesidades satisfechas (¡Ya ni las putas ayudaban! ¡¡Ni un travesti!!) le habían servido como factores incidentes en su decisión de quitarse la puta vida. Quería ahorcarse, para que lo encontraran aún erecto cuando ya oliera bastante, pero le daba cosa. Quería cortarse pero le tenía fobia al dolor y los cuchillos, a pesar de su afición a los sables italianos del siglo XVIII. No había conseguido ningún tipo de veneno lejanamente confiable, ni tenía el impulso de pegarse un tiro. Decidió pegarse una sobredosis en la cual esperaba cortarse las venas, venciendo su fobia, sólo por si las dudas. Ya no quería huir más, porque todos los caminos traían de vuelta a las cuatro paredes de su casa y ahí era el único lugar donde se podía huir, el único lugar al cual huía, ya la mano de papá no sobaría la cabeza ni el regazo de mamá o de la amada, ni estarían el amigo fiel, la eterna enamorada, el lance gay que le había salido últimamente. Todos habían sido convincentemente extraviados. Abjuró de las antiguas experiencias epifaniáticas y llegó a la conclusión de que existíamos porque sí, de que ningún juicio nos espera y por lo tanto todo nos era permitido, perdonado, inspirado. Sintió su libertad y su lucidez y se asqueó. Tuvo una especie de excitación al tratar de imaginar el no ser, ¡qué tuanis! Sucesivamente se cagó en todos los hechos en los que desaforadamente había reducido su vida, o sea trece mil veces se cagó en su vida y en sus creencias y en sus teorías y en sus odios y en sus amores y en sus bostezos y en sus orgasmos y en sus recetas y en la mota dadora de la visión unificadora del desastre. Se sintió famélico de sexo, se había desbocado últimamente, queriendo perderse, explorar los deseos carnales más básicos y socialmente indecentes como una vía de salvación pero lo único que pasaba es que su hambre aumentaba. Y supo que era el hambre por una carne irremediablemente perdida y se sintió irremediablemente perdido, se dio cuenta que nunca alcanzaría ese tembeleque sueño del satori en que había escogido creer. Es que todo parecía confabulado por un orden superior, como no creer en tal cosa. Creo porque es absurdo, dijo San Agustín; no creo porque es absurdo, sentenció el guionista. Fue y se metió en la bañera caliente y empezó a beber y a meterse coca, ácido, x, mota y valium, con el cuchillo a una distancia convenientemente lejana. Pero antes que nada dejó las cartas que imprimió, el sobre con el guión gozoso y su testamento en una ubicación destacada y fue y se sentó frente a su computadora y le dio cincuenta cabezazos exactos al monitor.

miércoles, 26 de octubre de 2005

Extracto del Pequeño Larousse Ilustrado, 2099

Osama Bin Laden. (1957-2017) Visionario y revolucionario árabe, el más importante precursor de la lucha contra la dominación mundial ejercida por una elite de conglomerados multinacionales representados por la nación fachada denominada Estados Unidos. Nacido en Raid, Arabia Saudí, fue el decimoséptimo hijo (entre más de cincuenta) de Mohammad bin Laden, uno de los empresarios de la construcción más ricos de Arabia Saudí. Bin Laden se graduó de ingeniero civil en la Universidad Rey Abdul Aziz. Cuando su padre murió en un accidente en helicóptero en 1968, su enorme imperio industrial, el Grupo Binladin, pasó a manos de sus hijos. Participó activamente en el conflicto afgano-soviético, donde recibió entrenamiento de la CIA. Al terminar su el conflicto, fundó las organizaciones clandestinas Maktab al-Khadamat y luego al-Qaeda, las cuales fueron las pioneras en la lucha armada contra los Estados Unidos, siendo sus principales operaciones los ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono en el 2001 y la detonación de una bomba de hidrógeno en Nueva York en el 2011. Murió en el 2017, a causa de compliciones renales. Se le considera poseedor de una visión adelantada a su época, cuando los Estados Unidos eran vistos como el modelo de nación a seguir. Etiquetado en su momento como terrorista, el desarrollo del conflicto durante las décadas siguientes, probó su acertado punto de vista. Los subsiguientes análisis históricos han rectificado su antigua imagen y lo han elevado al status de libertador. Numerosas ciudades alrededor del mundo poseen estatuas conmemorativas a la memoria del llamado “Salvador Árabe.”

Sí, estaba verde

¿Querés culearme, verdad? ¿Querés que yo sea tuya, cierto? Pues aquí estoy, explanada ante vos, vení y hacé lo que querás conmigo. Estoy esperando, no te pongás en indecisiones, enno sé qué hacer . Todos son iguales; para que veás que no soy mala nota, te voy a contar un secreto propio de nosotras y que generalmente no compartimos con ustedes: cualquier dificultad se resuelve haciendo. ¿No sabés qué hacer? Hacé. ¿Sabés que hacer pero no cómo empezar? Hacé. ¿Querés probar algo pero na sabés si va a funcionar? Hacé. Y etcétera al cuadrado.

Pero qué insolencia la tuya. ¡Habráse visto! Dejá de hablar paja. En el pasado te he hecho al derecho y al revés y te he dejado sin habla ¿cierto? Sin nada qué replicar, nada más siguiendo mis manos como si yo fuera un director de orquesta y vos mi multitud de bellos instrumentos afinados. Es cuestión de agarrar impulso y vos lo sabés, nada más que me des esto de espacio, una hebra de donde desenhebrar la madeja que sos vos, ese vacío, esa nada. Si una hoja en blanco es arrogante, más aún es en la pantalla, con el cursor guiñando el ojo, burlón.

martes, 25 de octubre de 2005

El árbol de la valquiria

¿Sabés que me gustaría?
Ir y sembrarme en mi cama,
que mis uñas se claven en las sábanas
y echen raíces,
mis dedos como garras y combas.
Y que se alce de mí un hondo tallo
como un largo lamento,
un árbol de llanto
con flores de promesas de lágrimas,
las hojas salpicadas de sal como el mangle,
la sal de mis ojos,
porque ya no hay agua dentro de mí,
ya no hay nada.

Certeza

Lo que nosotros tuvimos es parte de lo que nunca muere. Siempre habrá un momento, un olor, una comida que traerá tu recuerdo; una pausa, en medio de la tarde, como la tibieza de tu piel viniendo a mí, sólo por un segundo y recordaré una época en que tuve lo que nunca tuve y nunca tendré y será la justificación de mi existencia, podré levantar la frente y decir que todo el dolor, la rabia y la vida han valido la pena.

lunes, 24 de octubre de 2005

Y yo, ¿qué putas sé?

De hambre, de tener que luchar famélico contra otros famélicos por un poco de comida cada tres días; de la sed, del viento quemante y las cenizas de la esperanza.

De la verdadera miseria: del barro y el cartón y las latas y el frío.

De las vejaciones insufribles, de la esclavitud a una cama inmunda y a un dolor nauseabundo.

De la peste que hace caer a familiares y amigos en puñados.

Qué se yo del desarraigo, de la tortura, de la mirada y el puño xenófobos, del vacío de tenerlo todo y no tener nada, de la ultrajante necesidad de un hit.

Yo que nunca:
he besado a la muerte en la boca,
ni dormido con el hambre,
sido hijo de la vileza extrema
ni sentido la bota de un soldado encima,
yo qué putas sé.

sábado, 22 de octubre de 2005

Nuevas aventuras del pequeño pervertido

Vos sabés que me gusta. No sé cómo, pero sabés. Me estás volviendo loco también, eso también lo sabés. Tal vez me has pescado mirando oblicuamente a los pies de otra o las tuyos propios y te has dado cuenta. Quizá no tengás el más mínimo interés en mí, pero disfrutás esto, el causar esta clase de turbación. ¿Ves? Te quitás la sandalia. Eso es cruel. Todo bien mientras no extendás tus deditos, ¡ay! Tenías que hacerlo. Mirás por la ventana y a la pantalla de la compu alternativamente, disimulás bien. Eso, ponétela otra vez. ¿Qué? Subís la pierna sobre el descansabrazos de la silla. Tu bellísimo pie enfundado en esa delicada y algo sucia sandalia blanca está ante mí en un primerísimo plano. Lo vas a dejar ahí, ¿verdad? ¡Qué dulce paroxismo sería caer de hinojos ante él y besarlo suavemente, chupar cada uno de tus deditos con fruición, morderte el talón de soslayo! ¿Cómo hacer, cómo hacer? Cómo hacer para que el aliento no me reviente los dientes, para mantenerme sentado y seguir pretendiendo que soy una persona normal.

Receta

Hicieron falta dos meses, nueve días, once horas y un puñado de minutos; además de dos puros, cuatro cervezas, una semana de soledad, Sin City y una deuda creciente de horas de sueño para que yo, finalmente, pudiera llorar el haberte perdido.

Lo que pasó

Te voy a decir lo que pasó:

pasó tu alma desplegada de tu cuerpo
que me apartó con las manos.

Eso pasó, desgraciada.

Lo que pasó después
fue tu alma suplicante
abrazando mis rodillas.
Para entonces era mi alma
la que se desplegaba y alejaba de mí.

Ah, tristísimo triunfo...

viernes, 21 de octubre de 2005

En el principio

Adán extendió la mano y tomó el fruto del árbol prohibido. Lo comió lentamente, sentado bajo la sombra del árbol. Escupió un pedazo de cáscara y pensó.

Pensó en muchas cosas. Recordó el rostro de Dios cuando Él lo formó del polvo y le dijo que se levantara. Recordó la tarde en que caminaba con Dios por el jardín, durante el frescor del día y El le dio su único mandamiento:

—Puedes comer todo lo que quieras de los árboles del jardín, pero no comerás del árbol de la ciencia del mal y el bien. El día que comas de él, ten la seguridad de que morirás.—

Adán no entendió muy bien lo que significaba morir, pero sintió que era algo terrible. No preguntó porque él aprendió pronto a no interrumpir los duros silencios divinos. Recordó también la única vez que la serpiente le habló, cuando lo sorprendió mirando fijamente al árbol de la ciencia del mal y el bien, donde ella estaba. Se deslizó suavemente por una rama y encarándolo, le dijo:

—No es cierto que morirás. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comas del árbol, verás el mundo como es.—

Y no dijo más. Adán caminó el resto del día solo y cuando se acostó a dormir al lado de Eva, se dio cuenta de que él sentía que algo estaba mal. Entonces Adán quiso saber.

Adán se incorporó y salió de la sombra del árbol, luego de culminar su largamente meditada acción. Entonces Adán supo. Tomó un fruto más, para Eva y fue a buscarla. Luego pasaron cosas demasiado conocidas.

Después de matar a la serpiente y mientras cavaba un hueco para enterrarla, Adán recordó sus palabras y sintió un hondo dolor por la muerte de la serpiente, por haberla matado y mientras tapaba la tumba, derramó ardientes lágrimas. No pudo evitar recordar también la últimas palabras que le dijo Lilith:

—Colócame como un sello en tu corazón, como un sello en tu brazo, porque es fuerte el amor como la muerte y la pasión, tenaz como el infierno; sus flechas son dardos de fuego como la ira divina. ¿Quién apagará el amor? No lo podrán apagar las aguas embravecidas, vengan los torrentes, ¡no lo ahogarán!.—

Y Eva llegó donde él y lo abrazó. Pudo ver entonces Adán lo solo que estaba.

El mejor recuerdo

Recuerdo el día en que nos casamos. Vos me dijiste que si alguna vez llegábamos a casarnos, sería en la India. Y lo cumplimos. Era un día fresco, nublado. El patio de la casa en Bombay estaba cubierto de flores. Yo llevaba un traje blanco y vos un exquisito vestido formado de velos y colores y pequeñas cadenas. Teníamos tatuajes de henna y tu rostro maquillado como las imágenes de Shakti y como Shakti te veías. Un hombre santo nos bendijo y hubo un extenso banquete de fuertes sabores, con especias preciosas y sabores insospechados. Esa noche te hice un voto secreto y un filo común unió nuestras sangres y dormimos nuestra primera noche como esposos. Es un recuerdo tan claro como el hecho de que nunca sucedió, pero es entre todos, mi recuerdo favorito.

jueves, 20 de octubre de 2005

Ahí me dirán si me he puesto corriente

Señoras y señores
la trompeta me ha ordenado masturbarme
me ha imprimido un ritmo
aquí en la mano
arriba abajo abajo arriba
derecha derecha izquierda derecha
abajo abajo abajo abajo
con toda la mano
a dos dedos
en la puntica
o jalando el gorro
ojo con el bajo
es como si mi verga fuera otra cuerda
ven ahí la tocó
y la otra hasta que baila
rico en la puntica
seguidito seguidito
y señoras y señores
aquí viene la lechita
¡LA LECHITA!
aquí viene sí rico
¿cómo será de borbotón
o escupidita?
¡Viva el emperador!
¡Viva el emperador!
¡Viva el emperador!
Sabroso
lo último del calambre
es como con los platillos
toques suaves y sutiles
que prosiguen
estirando el momento
como una melcocha caliente
y llega la calma muerta
como el bajo del saxofón
tocando lentamente
como hondas bocanadas.

Les diré
me gusta el jazz
mis latidos son como caminitos de teclas
y también me gusta lo otro.